Dirección: M. Night Shyamalan
Guión: M. Night Shyamalan
Intérpretes: Mark Walhberg, Zooey Deschanel, John Leguizamo, Ashley Sanchez, Spencer Breslin, Betty Buckley
Duración: 90 minutos
Shyamalan encontró una fórmula, un conflicto y una forma de contarlo que, más allá de algunas variaciones, repite en casi todas sus películas. En este sentido, a Shyamalan le cabe muy bien el mote de autor, porque tiene un universo reconocible, una puesta en escena y una mirada del mundo personales que pueden rastrearse en toda su obra. Además, el indio escribe y produce prácticamente todas sus películas. En todo caso, el hecho de que Shyamalan pueda ser considerado un autor, más que hablar bien de él, parece dar cuenta del desgaste del término (la “inflación” de la que hablaba Godard) y de la falta de límites y alcances claros del autorismo como teoría en la actualidad. Pero esta discusión es para otro momento; por ahora quedémonos con Shyamalan autor.
El juego del miedo. Hay un conflicto que siempre se repite en las películas de Shyamalan; una comunidad que sufre una amenaza del exterior. En
Señales (los extraterrestres),
El protegido (los malhechores),
La aldea (los monstruos falsos),
La dama en el agua (el scrunt) y
El fin de los tiempos (la naturaleza, las plantas), se repite siempre el mismo esquema del grupo que sufre una amenaza que viene desde afuera, que no forma parte del mismo ambiente que los personajes. Sin ponernos muy psicologistas, creo que es válido decir que Shyamalan, como muchos directores del momento, pero más que ningún otro, está maniobrando y tironeando de los miedos de una época; mejor, de una civilización y una cultura, la occidental. No es coincidencia que la primer película de Shyamalan que plantea este tipo de conflicto sea
Señales, que fue estrenada en 2002 cuando empezaba el pico de paranoia terrorista en Estados Unidos y gran parte de Europa. Desde
Señales a esta parte, la obra de Shyamalan, con algún que otro punto fuerte es una repetición constante de una fórmula concreta disfrazada con historias diferentes.

Shyamalan nunca entendió de sutilezas, y en
EfdlT se le cayó la careta. Uno de los casos más raros e inentendibles de director pésimo que es defendido a rajatabla por la cinefilia y cierta crítica mainstream, Shyamalan pudo convencer a sus seguidores de que sus películas son sutiles y están cargadas de sensibilidad. ¿Cómo hizo esto? Principalmente a través de un solo recurso: el dejar en off algunas escenas violentas o con sangre. Cualquier momento que pudiera resultar truculento (salvo quizás por la muerte de la esposa de Mel Gibson en
Señales) es rápidamente relegado al fuera de campo por Shyamalan. Y los fans del director creen que, cual máxima irreprochable, este procedimiento es sinónimo de buen gusto, de sofisticación, de inteligencia cinematográfica. Cuando en realidad este acto de no mostrar pareciera más un gesto vacío e inútil cuando menos, o de incapacidad y cobardía a lo sumo; de tanto ocultar a veces se termina escamoteando. Bueno, en
EfdlT se pueden ver muertes de varias maneras distintas, incluso hay dos personajes muy jóvenes que mueren por un disparo de escopeta efectuado a unos pocos centímetros y en cámara lenta. Lo mejor de todo (o lo peor) es que las muertes son lo más divertido de la película; cuando llegada la media hora los personajes y sus problemas empiezan a aburrir, uno no puede menos que esperar con ansiedad la próxima seguidilla de muertes. Estas imágenes eran algo impensado en las películas anteriores de Shyamalan; en
EfdlT no tuvo más remedio que perder esa supuesta sofisticación, o, pensándolo bien, es probable que Shyamalan esté tratando de hacerse el moderno y jugar con referencias a su propia obra (“nunca mostré nada, ahora te pongo toda la carne al asador”). Después de todo, el indio siempre apostó a construir de sí mismo una imagen de director con perfil autoconsciente, por eso aparece en todas sus películas (menos en
Wide Awake) y por eso el personaje del crítico en
La dama en el agua.

Y siguiendo con la cuestión de lo sutil y lo sofisticado, ¿se fijaron que todas las películas de Shyamalan están protagonizadas o coprotagonizadas por chicos muy chicos? Ya su segunda película,
Wide Awake, cuenta la historia de un chico que, después de morir su abuelo, decide empezar a buscar a Dios (sí, así). El cine de Shyamalan, ¿es tan básico en los temas que trata y en la forma de abordarlos, que también tiene que recurrir al uso indiscriminado e inmoral de chicos? No quiero caer en el lugar común de citar a Truffaut diciendo que hay cosas en el cine, como los nenes o los gatitos, que en el noventa y nueve por ciento de las veces son usados para conquistar fácilmente al público, ya sea con sonrisas o lágrimas, y que son recursos que ponen en evidencia al realizador en todo su miserabilismo. Pero sí, se me viene a la cabeza esa idea de Truffaut, y pienso en la cantidad de primeros planos que escudriñan a más no poder la cara de Ashlyn Sanchez, la nena de turno en
EfdlT. Y también pienso que, a medida que pasa el tiempo y las películas, Shyamalan es cada vez más un director nefasto, y sus películas, además de feas, torpes y aburridas, son cada día más aborrecibles.

PD: Este texto iba a ser una crítica de
EfdlT, pero la película me pareció tan poco interesante para escribir que la crítica terminó siendo una excusa para pegarle a Shyamalan.
PD2: tan grosero son los guiones de Shyamalan que Elliot Moore, el personaje de Mark Wahlberg en
EfdlT, un científico y profesor de ciencias naturales, dice en uno de sus primeros diálogos que “hay misterios de la naturaleza que nunca llegaremos a comprender...”.
PD3: me tomo el atrevimiento de pegar un comentario de un espectador sobre la película que hay en el sitio de La Nación, después de la “crítica” de Adolfo C. Martínez:
shyamalan no hace películas de terror, expresa principios espirituales. A los seguidores de él, lo van a entender... a los demas, vayan a ver "el dia despues de mañana", saludosPD4:
Sexto sentido es defendible,
El protegido es una gran película. Las dos son anteriores a
Señales.