
Guión: Jonathan Aibel, Glenn Berger
Intérpretes: Jack Black, Jackie Chan, Dustin Hoffman, Lucy Liu, Ian McShane, David Cross
Fotografía: Yong Duk Jhun
Edición: Clare De Chenu
Música: John Powell, Hans Zimmer
Duración: 91 minutos
Advertencia: si bien el texto habla mucho de Dreamworks y bastante poco de Kung Fu Panda, el autor piensa que todo lo malo que se dice del estudio es totalmente aplicable a la película.
¿Qué es el cine (infantil)? La verdad es que no hace falta comparar las películas de Pixar con las de Dreamworks para llegar a la conclusión de que las producciones animadas de Dreamworks, salvo honradas excepciones (como el largo de Wallace and Gromit) representan lo peor del mainstream americano actual. Sí, claro que tienen alguna que otra cosa a favor como el manejo del ritmo (es imposible aburrirse con una de Dreamworks) pero en general son películas que apelan siempre a lo fácil y más básico. Lo primero que salta a la vista de una película de Dreamworks es el uso constante y reiterativo del slapstick; gran cantidad de los chistes dependen de caídas y golpes que, a diferencia de las mejores tradiciones del humor físico (ya sea en la época muda con Chaplin o Keaton como en la modernidad como Jerry Lewis o Adam Sandler) el gag se ve siempre forzado, sobreexplotado, como tratando de tapar los problemas de guión para construir el humor. El otro recurso cómico muy común en las películas de Dreamworks es lo escatológico: los personajes suelen hablar de ir al baño, vomitan o se tiran pedos (ver especialmente a Stella en Vecinos invasores) pero como siempre estamos frente a productos pensados para un consumo masivo y que apuntan a la familia, lo escatológico se queda solamente en eso, en un amague; los chistes nunca son llevados hasta los límites de lo asqueroso o lo políticamente incorrecto y no pasan de ser un recurso fácil y muy poco arriesgado.

Otra cosa tiene que ver con la forma en que las películas hablan al espectador: los largos de animación de Dreamworks tienen los peores tics del cine actual, a saber el cancherismo y el guiño. Películas como Shrek y Kung Fu Panda no solamente parodian, también se burlan con saña de sus historias y personajes (ver como tratan los cuentos de hadas la primera y el género de artes marciales y la cultura oriental la segunda) y además, para poder entablar esa relación cínica con el público, las películas se la pasan repartiendo guiños a la cultura popular (sobre todo a los tanques cinematográficos y la televisión) de manera automática y poco elaborada, como buscando una empatía con el espectador que la historia, los personajes y la puesta en escena no son capaces de conseguir.

A todo esto podríamos agregar la costumbre de las películas de Dreamworks de bombardear al público con una enorme cantidad de planos, colores, movimientos de cámara, elementos en el plano, etc. Pareciera que películas como Shrek no podrían sostenerse sin toda esta artillería visual, como si detrás de la velocidad, el brillo y el impacto cromático no quedara demasiado para ver. En este sentido, y haciendo un uso bastante apurado del término, las películas de Dreamworks (especialmente si las comparamos con las de Pixar) parecen verdaderamente cine “infantil”. Y cuando digo infantil no pienso en un cine dirigido a público muy joven, sino a uno adolescente o adulto que ya no quiere que las películas sean demasiado complicadas; un espectador que se conforma con películas que lo saturan de imágenes rápidas y coloridas y que no se pregunta por la densidad de los personajes, los conflictos o la mirada del mundo que puede tener una película. En la función de Kung Fu Panda (un viernes a las 21) casi no había chicos, y gran parte de las carcajadas venía de gente adulta.

Kung Fu Panda tiene todos y cada uno de los problemas que vengo diciendo. También tiene algunos méritos, como la secuencia inicial animada en 2D (uno de los mejores momentos de la película) y alguna de las escenas de pelea, donde toda la parafernalia visual sí funciona y está justificada desde lo que se cuenta. Pero fuera de esto, Kung Fu Panda (como toda película de Dreamworks que se precie) apela a las emociones más básicas y de la forma más cuadrada posible.
